Marta Agraz, Directora de Comunicación del CAFBL
En muchos edificios, la azotea es ese espacio algo olvidado, a medio camino entre una zona común y el sueño de una terraza privada. De vez en cuando, algún vecino decide darle vida: pone sillas, macetas o incluso una tumbona para tomar el sol. Pero… ¿puede hacerlo realmente?
La respuesta es que sí, siempre que respete unas normas muy concretas que protegen la convivencia y los derechos de todos.
¿Qué dice la ley?
Para otorgar un derecho de uso privativo, se necesita la unanimidad de todos los propietarios, de acuerdo con el artículo 553-26.1 del Código Civil de Cataluña. Con una mayoría simple no es suficiente: debe ser un “sí” de cada uno de los vecinos.
Este requisito evita que nadie pierda derechos sin consentimiento. Además, el acuerdo debe dejarlo todo bien definido: la zona asignada, los usos permitidos —barbacoa, jardín…—, quién asume las reparaciones y cómo se garantiza el acceso para los mantenimientos. Lo más recomendable es formalizarlo e inscribirlo en el Registro de la Propiedad para evitar conflictos futuros.
¿Quién paga si hay algún daño?
Aquí suelen aparecer los desacuerdos. Si la cubierta sufre una avería estructural —como una impermeabilización deteriorada que afecta a todo el edificio—, los gastos corresponden a la comunidad, aunque un vecino tenga el uso privativo.
En cambio, si el problema proviene de un uso indebido o de obras sin permiso, la responsabilidad recae sobre ese propietario.
Para evitar malentendidos, se aconseja que el vecino con uso privativo se encargue de la limpieza y las pequeñas reparaciones.
¿Qué hacer si alguien se apropia del espacio sin acuerdo previo?
A veces pasan los años y un día descubres que el vecino del ático se ha adueñado de media azotea sin ningún acuerdo. En esos casos, la comunidad puede exigirle que retire los objetos y restituya el espacio común. El uso continuado no genera derechos de propiedad.
En caso de conflicto, antes de acudir a los tribunales, se recomienda la mediación. El CEMCAF ofrece un servicio para ayudar a las comunidades a resolver estos desacuerdos mediante el diálogo y sin litigios costosos.
El administrador o administradora de fincas puede orientaros sobre cómo regular el uso de los espacios comunes con acuerdos claros y bien definidos.
Al fin y al cabo, la azotea puede ser un lujo compartido, siempre que se gestione bien y desde el consenso. Revisa la documentación de la finca y coméntalo en la próxima junta: es la mejor manera de evitar que un espacio común se convierta en un motivo de disputa.