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Los motivos por los que pueden paralizar tu ascensor aunque funcione correctamente: esto dice la Ley de Propiedad Horizontal.

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Barcelona, 28 de marzo del 2026

Hay decisiones en una comunidad de vecinos que se pueden aplazar durante años sin que aparentemente pase nada, hasta que un día dejan de ser opcionales y se convierten en urgentes. Es lo que ocurre con los ascensores: funcionan, suben y bajan, y durante mucho tiempo nadie se plantea que, en realidad, muchos de ellos están lejos de cumplir con las exigencias actuales de seguridad.

El problema no necesariamente aparece porque suceda una avería visible, sino que suele llegar con una inspección técnica que detecte fallos que, aunque invisibles para el vecino, obligan a actuar en plazos concretos y con costes que muchas comunidades no tenían previstos.

Todos los propietarios deben contribuir a su mantenimiento

Porque, aunque la Ley de Propiedad Horizontal establece con claridad que todos los propietarios están obligados a contribuir a su mantenimiento (incluso aquellos que viven en plantas bajas), lo cierto es que el verdadero problema no suele ser jurídico, sino práctico: es decir, qué hacer cuando una inspección sale desfavorable y por qué sucede con tanta frecuencia en comunidades que, aparentemente, cumplen con sus obligaciones.

En este punto, los expertos coinciden en algo clave, y es que normalmente no suele tratarse de grandes averías ni de fallos estructurales complejos, sino de deficiencias que se repiten en muchos ascensores, especialmente en los más antiguos, y que responden a un mismo problema: la adaptación a las nuevas exigencias de seguridad.

Como explica Elisabet Carbonell, vicepresidenta del Col·legi d’Administradors de Finques de Barcelona-Lleida (CAFBL), uno de los problemas más habituales tiene que ver con algo aparentemente tan simple como la nivelación: “Cuando el ascensor baja y llega abajo, tiene que estar bien alineado con el pavimento de salida”, señala, advirtiendo que pequeñas diferencias pueden provocar tropiezos y accidentes, lo que convierte este detalle en un aspecto clave en las inspecciones.

Todos los ascensores que no dispongan de un sistema de comunicación bidireccional deberán incorporarlo

A partir de ahí, aparecen otros fallos que, aunque menos visibles para el usuario, forman parte de esa misma lógica de seguridad que introduce la normativa actual. Entre ellos, la protección frente al cierre de puertas automáticas: “Puedes entrar con un niño o con un perro, y si este sale en el último momento, la puerta debe detectarlo y no cerrarse”, explica Elisabet Carbonell. Para ello, es obligatorio incorporar sistemas como las células fotoeléctricas, diseñadas precisamente para evitar este tipo de situaciones.

En la misma línea, José María Obis, presidente de la Comisión de Legislación y Normativa de FEEDA, subraya que muchas inspecciones desfavorables se deben a la ausencia de estos dispositivos de seguridad básicos. Entre los defectos más habituales, enumera la falta de cortinas ópticas en puertas automáticas, la inexistencia de sistemas de control de carga o la ausencia —o mal funcionamiento— de la comunicación bidireccional en cabina, un elemento que permite pedir ayuda en caso de quedar atrapado.

Este último punto, que puede parecer secundario, se ha convertido en una exigencia imprescindible. “Todos los ascensores que no dispongan de un sistema de comunicación bidireccional deberán incorporarlo”, recuerda Obis, en línea con una normativa que pone el foco en la capacidad de respuesta ante situaciones de emergencia.

Pero si hay un elemento que resume bien el desfase entre muchos edificios y las exigencias actuales, es el de las guías. Elisabet Carbonell explica que en ascensores muy antiguos, “las guías eran de madera”, un material que hoy se considera claramente obsoleto y que obliga a realizar sustituciones más costosas. Obis coincide en este diagnóstico al señalar que las guías de madera o cilíndricas son uno de los defectos más frecuentes detectados en inspecciones.

Los plazos deben cumplirse o las consecuencias pueden ir más allá de lo económico

Lo relevante, sin embargo, no es solo identificar estos fallos, sino entender por qué se repiten. Y aquí aparece un factor que atraviesa todo el problema: el envejecimiento del parque de ascensores y la dificultad de adaptar instalaciones antiguas a estándares actuales sin una planificación previa. Como apunta Carbonell, muchas de estas medidas “no estaban previstas en su momento”, lo que obliga a las comunidades a reaccionar cuando llega la inspección, y no antes.

Ese momento marca un punto de inflexión. Una inspección desfavorable no es solo una advertencia técnica, sino una obligación con plazos concretos. Según explica Elisabet Carbonell, la comunidad recibe un informe acompañado del presupuesto correspondiente y debe ejecutar las mejoras en los tiempos establecidos, que pueden ir desde un año para determinadas adaptaciones hasta varios años en el caso de intervenciones más complejas.

El problema es que no actuar tiene consecuencias que van más allá de lo económico. “Si no das cumplimiento, pueden paralizar el ascensor”, advierte Carbonell, subrayando que la responsabilidad recae directamente sobre la comunidad. A esto se suma la posibilidad de sanciones y, en determinados casos, la pérdida de cobertura del seguro si se produce un incidente en una instalación que no cumple la normativa.

En la misma línea, Obis recuerda que, cuando los defectos no se corrigen dentro del plazo, pueden escalar en gravedad hasta obligar a dejar el ascensor fuera de servicio, una situación que, más allá de la incomodidad, puede afectar de forma directa a la habitabilidad del edificio, especialmente en comunidades con personas mayores o con movilidad reducida.

Si no das cumplimiento, pueden paralizar el ascensor

Con todo, y aunque el impacto económico suele centrar la preocupación de los vecinos, los expertos coinciden en que el enfoque debería ser otro. No se trata solo de evitar una derrama, sino de entender que estas medidas responden a una lógica clara: garantizar la seguridad en un elemento que forma parte del día a día de millones de personas.

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