Barcelona, 9 de abril del 2026
Hay escenas que se repiten en muchas comunidades sin que nadie les dé demasiada importancia… hasta que alguien se queja. Una bicicleta apoyada en la pared del rellano, un carrito de bebé debajo de la escalera o pequeños objetos que se quedan en el pasillo como si fuera una extensión de casa. Durante un tiempo, parece que no hay ningún tipo de problema, pero todo cambia cuando alguien recuerda que ese espacio no es de uso individual.
Ese es, precisamente, el punto de partida que señalan los expertos: el rellano no pertenece al vecino, aunque esté frente a su puerta. Es un elemento común, no privativo, y eso cambia por completo lo que se puede hacer en él.
El error más común: pensar que el rellano es “tu espacio”
“De puertas para dentro, cada uno hace lo que quiere, pero en los elementos comunes decide la comunidad”, explica Rubén Llach, vicepresidente del Col·legi d’Administradors de Finques de Barcelona-Lleida. La idea es sencilla, pero cuesta aplicarla, porque muchos vecinos interpretan ese espacio como propio cuando en realidad no lo es.
A partir de ahí, la consecuencia es clara: dejar objetos en el rellano u otros espacios comunes no depende de si estorban o no, sino de si está permitido. En la práctica, eso significa que, salvo que exista una autorización expresa de la comunidad —en estatutos, reglamento interno o acuerdos de junta—, algo sumamente extraño, ese uso no es correcto.
«El rellano no es una extensión de tu casa: lo que dejas ahí pueden obligarte a retirarlo, aunque no moleste a nadie». Rubén Llach, Vicepresidente del Col·legi d’Administradors de Finques de Barcelona-Lleida.
Esta es una de las claves que más sorprende a los vecinos. No necesariamente hace falta que exista una queja o una molestia evidente para que la comunidad pueda intervenir. El criterio no es la incomodidad, sino el uso indebido de un espacio común.
En este sentido, Peio Mendia, tesorero del Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas de España (CGCAFE), recuerda que la Ley de Propiedad Horizontal obliga a respetar los elementos comunes y permite reaccionar frente a conductas que dificultan su uso normal.
«La comunidad puede actuar si ocupas zonas comunes: no son un trastero y la ley permite exigir que se liberen.» Peio Mendia, Tesorero del Consejo General de Colegios de Administradores de Fincas de España.
Además, insiste en que estos espacios no pueden convertirse en zonas de almacenaje improvisadas, especialmente cuando afectan al paso, a la accesibilidad o a la seguridad, algo más habitual de lo que parece en muchos edificios.
Qué puede hacer la comunidad si no retiras los objetos
Cuando aparecen este tipo de situaciones, la comunidad no tiene que quedarse de brazos cruzados ni dejar pasar el tiempo, algo que a menudo acaba complicando las cosas. Lo habitual es que el proceso empiece de forma progresiva: primero se habla con el vecino, después se le requiere formalmente y, si la situación persiste, se puede elevar a la junta.
La Ley de Propiedad Horizontal ampara este tipo de actuaciones. De hecho, permite intervenir cuando hay un uso inadecuado de los elementos comunes y, si no se corrige, acudir a mecanismos legales. En concreto, el presidente, con autorización de la junta, “puede iniciar una acción de cesación para exigir judicialmente la retirada de los objetos y el fin de esa conducta”.
Hay un límite importante: la comunidad no puede imponer multas directamente. No tiene capacidad sancionadora, por lo que cualquier consecuencia económica solo puede llegar a través de los tribunales o de responsabilidades derivadas de otros ámbitos.
Sin embargo, eso no significa que no haya consecuencias económicas. Como añade Llach, la comunidad puede repercutir al propietario los gastos derivados de esa situación, como el coste de retirar los objetos o de reparar los daños que hayan podido provocar. “Cuando nos tocan el bolsillo, todo cambia”, resume el experto, que reconoce que no es una medida habitual, pero sí especialmente disuasoria.
El punto clave: puede considerarse objeto abandonado
Cuando el vecino no atiende a los avisos, la situación entra en una fase más delicada. Es aquí donde aparece uno de los aspectos menos conocidos. Según explica Llach, si tras varios avisos el objeto sigue en la zona común, puede llegar a considerarse abandonado, provocando que pueda ser trasladado a otro lugar e incluso desechado. Ahora bien, antes de llegar a esto, el experto insiste en que es necesario haber actuado con diligencia: comunicar la situación, intentar localizar al propietario y dar margen suficiente para que lo retire.
Esto es clave, porque evita actuaciones arbitrarias. La comunidad no puede simplemente tirar un objeto sin más, pero sí puede actuar si acredita que ha seguido un proceso razonable y proporcionado. En la práctica, lo habitual es optar antes por soluciones intermedias, como retirar el objeto de la zona de paso, guardarlo temporalmente o sacarlo fuera del edificio, siempre dejando constancia de lo ocurrido.
La seguridad lo cambia todo
Más allá de la norma, hay un factor que pesa especialmente en este tipo de decisiones: la seguridad. Y es aquí donde muchas comunidades encuentran el argumento más sólido para actuar.
Cualquier objeto en una zona de paso puede convertirse en un riesgo en caso de emergencia. Llach asegura que, “en situaciones como un incendio, donde el humo reduce la visibilidad, un obstáculo en un rellano o una escalera puede dificultar la evacuación y provocar caídas o bloqueos”. Por eso, el problema no es solo de convivencia: si ocurre algo, puede haber responsabilidades. Tanto del vecino que lo dejó, si fue advertido, como de la comunidad si lo permitió.
Por eso, cada vez es más habitual que las comunidades opten por soluciones prácticas, como habilitar espacios específicos para bicicletas o carritos, evitando así que se acumulen en zonas de paso.
En el fondo, este tipo de problemas reflejan algo que va más allá de la ley. “En España, nos cuesta entender que los espacios comunes son de todos”, reconoce Llach. Y ahí está el origen de muchos conflictos: porque lo que empieza como algo puntual acaba convirtiéndose en una costumbre que la comunidad puede y debe corregir.
Puedes leer la noticia en Si dejas la bici o el carrito en el rellano, la comunidad puede retirarlo: lo que dice la Ley de Propiedad Horizontal